La tos ferina, también conocida como pertussis, es una enfermedad respiratoria altamente contagiosa causada por la bacteria Bordetella pertussis.
Aunque puede afectar a personas de cualquier edad, los bebés menores de un año y los niños pequeños son los más vulnerables a desarrollar complicaciones graves.
Sin embargo, la movilidad poblacional, los esquemas incompletos de inmunización y la falta de control temprano pueden favorecer brotes en comunidades.
Síntomas principales de la tos ferina
La tos ferina suele confundirse con un resfriado común en sus primeras etapas, pero progresa de forma característica:
- Etapa inicial (1-2 semanas): secreción nasal, estornudos, fiebre leve y tos ligera.
- Etapa paroxística (2-6 semanas): tos intensa en repetidas crisis, seguida de un sonido agudo al inhalar (el típico “gallo” de la tos ferina). Puede ir acompañada de vómitos, cansancio extremo y dificultad para respirar.
- Etapa de recuperación (semanas o meses): los síntomas disminuyen, pero la tos puede reaparecer con resfriados posteriores.
En bebés, los síntomas pueden incluir pausas en la respiración (apnea) y coloración azulada de la piel por falta de oxígeno, lo cual requiere atención médica inmediata.
La bacteria se propaga de persona a persona mediante gotículas expulsadas al toser o estornudar. En espacios cerrados, escuelas, guarderías o transportes colectivos, el riesgo de contagio es mayor.
La importancia de la vacuna
La forma más efectiva de prevenir la tos ferina es la vacunación.
En Guatemala, el esquema básico incluye la vacuna pentavalente en bebés y los refuerzos con la DPT (difteria, tos ferina y tétanos).
Es fundamental que padres y cuidadores completen los esquemas y acudan a los servicios de salud para mantener al día las dosis.
Además, se recomienda:
- Cubrirse la boca y nariz al toser o estornudar.
- Lavarse las manos con frecuencia.
- Evitar el contacto cercano con personas enfermas.
- En caso de síntomas, no automedicarse y acudir a un servicio de salud.
Recomendaciones para la población
- Madres y padres: verificar que los niños tengan el esquema completo de vacunación.
- Adultos: algunos necesitan refuerzos, especialmente quienes conviven con bebés.
- Centros educativos y comunitarios: fomentar hábitos de higiene y estar atentos a casos sospechosos.
La tos ferina puede ser grave y potencialmente mortal en lactantes no vacunados. Por ello, la inmunización y la detección temprana son la mejor defensa.




